Cuando llegó a la cima de la colina se paró y recuperó un poco de aliento. Estaba exhausto de tanto correr y escalar, pero se dijo que al menos seguía vivo, al igual que su amigo, que iba un poco más retrasado. No se había sentido tan cansado en su vida, pero, se preguntaba si el nuevo viaje que les aguardaba no sería aún más agotador. Después de todo, no sabían cuanto tendrían que recorrer hasta encontrar un lugar seguro y habitable. Comenzó a pensar en si habría alguna carretera que no estuviera colapsada y si sería posible encontrar un vehículo que todavía funcionase. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por los pasos de su amigo que, levantando una nube de polvo, se dejó caer a su lado, tan cansado como él.
- Buff, ¡menuda carrera! - resopló - Nos ha ido por un pelo...
Él asintió y no dijo nada, continuó mirando el horizonte que se extendía ante él, la llanura, las carreteras, todo parecía estar aguardándoles, invitándoles a recorrer nuevos caminos hacia la aventura.
- Vámonos - dijo a su amigo - Aún nos queda mucho por recorrer.
Comenzó a andar, pero antes de sobrepasar por completo la cima de la colina y comenzar el descenso, volvió la vista atrás y contempló la ciudad en llamas, el sol dibujando sombras entre los edificios derruidos, el humo y el polvo cubriéndolo todo como un velo fantasmal. Luego volvió la vista hacia delante y sin saber porqué, sonrió.

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