INTRUDER ALERT
Hace tiempo escribí un post contando mi idea de que dentro de cada uno hay un espacio en el que no entra nadie, una parcela privada a la que no está permitida el acceso a los demás. En ése lugar guardamos aquello que consideramos íntimo y secreto, aquello que nadie debe saber, o que no queremos que sepan.
Pues bien, a pesar de todo esto, he cometido el fallo de dejar que alguien se adentre en mi parcela privada. Justo a tiempo he cerrado la puerta, pero ya ha habido una intromisión. Ahora, una mezcla de sensaciones se agolpan, machacando como martillos contra mi conciencia. Por un lado, me siento furioso conmigo mismo por dejar que alguien se abra paso a través de mi armadura y tengo el firme propósito de no volver a dejar entrar a nadie. Pero por otro lado, ése alguien ya ha visto un atisbo de lo que hay dentro y puede querer volver a entrar. Pienso que si ya lo hizo una vez es porque yo le dejé, y seguramente le volvería dejar entrar. Es por esto que estoy confuso y furioso a la vez. La cuestión es que no sé si esto que ha pasado me llevará a buen puerto o seguiré con mi armadura puesta hasta el fin de mis días.
Quiero pensar que ocurrirá lo primero.
