La Coctelera

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1 Mayo 2007

Microrrelato IV

¿EL TESORO O LA CHICA?

Max Ironfist miró fijamente a la entrada de la caverna, y pasados unos segundos parpadeó y se volvió a mirarla. Ella temblaba, a causa de las sacudidas del suelo causadas por la lucha que se libraba en el interior de la montaña entre Varak el Rojo, un gigantesco dragón y el equipo de mercenarios de Max, pero él adivinó que estaba aterrorizada.

- Max…-empezó ella. Pero Max la interrumpió con un gesto de la mano

- Tengo que ir, preciosa.

- Pero no quiero que me dejes sola- respondió ella. Su gesto se endureció y levantó la barbilla, desafiante- Llévame contigo. Max negó con la cabeza

- Es demasiado peligroso. Max se debatía en un terrible dilema. Por un lado, después de muchos años, habían conseguido dar caza a Varak, el dragón Rojo que había destruido su ciudad natal, asesinado a toda su familia y que era dueño de un fabuloso tesoro. Max anhelaba la venganza que le proporcionaría obtener todas aquellas riquezas. Pero una parte de él le instaba a dejarlo todo y marcharse con ella, y llevar una vida en paz, lejos de las armas y los dragones. Era una dura decisión, pero aquella oportunidad no se le volvería a presentar jamás. Tomaría el tesoro y se la llevaría a un sitio donde empezar una nueva vida, pero esta vez serían ricos. Apretó la empuñadura de su alabarda y la miró a los ojos.

- Por favor…-suplicó ella.

- Volveré, no te preocupes

- Por favor…-repitió ella, tenía los ojos arrasados en lágrimas.

- ¿No lo entiendes, verdad?- se enojó Max- ¡Llevo esperando esta oportunidad desde que era un niño! ¡Es mi venganza!

- Y yo, ¿no importo?- preguntó ella en voz baja. Pero Max empuño la albarda y corrió hacia la caverna.

Se oyó un terrible rugido y ruidos de lucha, acero contra escamas, gritos de guerra, y de dolor, y por último, un intenso olor a carne quemada y a sangre.

Ella cayó de rodillas sin dejar de temblar, presintiendo el final. Max se había decidido, y había fracasado.

Miró hacia la entrada de la caverna y unos enormes ojos amarillos le devolvieron la mirada. Entonces una boca inmensa repleta de afilados dientes se abrió y dejó escapar una enorme bola de fuego…

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Todo en lo que creo, todo lo que hago, todo lo que espero, todo lo que siento, todo lo que vivo y todo lo que soy se reúne en una sola frase: "Obras son amores y no buenas razones"

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